LA CIUDAD QUE NOS VE
Por : Maruvi Leonett-Villaquiran
Hay días, como hoy en los que me da por recordar al maestro: Jesús Enrique Guédez, Recuerdo que mientras trabajaba en la recopilación de su obra y durante el proceso de escritura de la Colección de Cuadernos de Cine de la Fundación Cinemateca Nacional, él siempre estuvo presente ayudándome, nos encontrábamos a veces en el Gran Café en Sabana Grande, otras en la Universidad Central de Venezuela, también recuerdo que me entregó casi todas las fotos que se incluyeron en el libro y ahora recopilo de lo recopilado para la despedida de este ser iluminado.
Su vida estuvo marcada por dos grandes pasiones: el cine y la poesía “Entre la poesía que es mi interior y las películas sobre seres marginados, revolucionarios consecuentes, artistas de su obra, que es lo exterior, me he sentido entre humanos”.[1]
Prolegómenos para una biografía
JESÚS ENRIQUE GUÉDEZ nació el 8 de septiembre de 1930, en Puerto Nutrias, Estado Barinas, estudió periodismo en la Universidad Central de Venezuela donde luego ejerce la docencia. Su primer libro de poemas “Las naves” de 1959, obtiene el premio Universidades Nacionales; posteriormente su segundo libro “Sacramentales” de 1961, es editado por el sello del grupo Tabla Redonda.
En 1962, interesado por el cine, parte a Roma donde cursará un año de dirección en el Centro Sperimentale di Cinematografia. En tierras italianas escribe el libro “Sextantes” que publica de regreso al país en 1965, ese mismo año inicia su actividad cinematográfica, en adelante, el cine y la poesía serán una constante en su obra.
Jesús Enrique Guédez fue uno de los pioneros del documental social en Venezuela, los dos primeros documentales que realiza los hace por encargo para el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social: “Donde no llega el médico” y “La gastroenteritis en Venezuela” (1965). Pero, realmente su carrera como cineasta es a partir del documental “La ciudad que nos ve” (1966), que marcó un hito en la cinematografía nacional. La Caracas de Guédez, la de los cerros poblados de ranchos, monopolizó la atención no sólo del cine documental venezolano, sino también del de ficción; esa manera de mirar a Caracas desde la vertical de los cerros, persistirá en muchos cineastas venezolanos hasta finales de los 80.
En sus primeros filmes vuelca la mirada hacia la clase marginada, la clase obrera, haciendo un cine comprometido, un cine militante, un cine que recrea la realidad, un cine armado de una definida conciencia expresada en términos de una poesía melancólica y profundamente humana. que recoge la memoria del país evitando que se borren los restos de nuestra historia. Toda esta primera parte de la filmografía de Guédez, la más prolífica, por cierto, condensa su interés por lo social y lo humano. “La ciudad que nos ve” (1966), “Desempleo” (1970) o “Pueblo de lata” (1972) documentales como “La Universidad vota en contra” (1968), “Campota” (1975) y “Testimonios de un obrero petrolero” (1978), “Bárbaro Rivas (1967)
En ficción realizó “El circo mágico” (1975) y “Juego al general” (1971), y el largo “El iluminado” (1984).
Su obra poética ha discurrido a la par de la cinematográfica, publicando en 1978 su cuarto libro de poemas “Tiempo de los paisajes”. Posteriormente viene un silencio de seis años, interrumpido por la que quizá fue su empresa más ambiciosa: el largo de ficción “El iluminado” (1984) el cual marcó un hito en su carrera, no sólo por ser su ópera prima, sino porque significó, hasta hoy, su alejamiento del cine. Una vez finalizado este filme, quedó exhausto, agotado por todo lo que significó su conclusión. Luego, debido al escaso éxito de taquilla, y en parte buscando afinar ese acercamiento al público que tanto le importaba, tuvo que recorrer el país con la película debajo del brazo para lograr exhibirla. A partir de los 90, ese interés por los problemas que atañen a la realidad social, toma un matiz más individual, ofreciéndonos una pequeña parte de la historia de hombres como el poeta Miguel Ramón Utrera, el escritor Orlando Araujo o el etnógrafo autodidacta Marc de Civrieux, colaborador en varios trabajos de Guédez. Asimismo, sus últimos documentales son un reflejo claro del afán por enaltecer la imagen de la cultura popular, como muestra de ello tenemos la serie “Frugales” (Artistas del pueblo) realizada entre 1992-1996, en la cual se recogen sus documentales filmados en video. En 1994 fue galardonado con el Premio Nacional de Cine y continuando su carrera como escritor publicó “El gran poder” (1991), “Cantares de O Gran Sol” (1995) y su primer libro de narrativa “Puerteños” (1996), entre otros.
Finalmente que tendría que decir más que en esa obra cinematográfica, desconocida por tantos, admirada por muchos otros, nos queda la búsqueda incansable por desnudar y retratar la esencia de los hombres venezolanos y nos deja, también un raudal de poemas:
Cambio de Piel, desamándome al sol
Mis ojos y mis manos en vilo como las sabanas del difunto
Quién pasará mendingando ropa vieja?
Así se van quedando mis trajes sin sudores
Cambio de piel
[1] “Con el cine y la poesía me siento humano”, entrevista de Carmen Luisa Cisneros en Encuadre Nº 54, marzo-abril de 1995, p. 10.

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